Malvinas, a 35 años: las cartas del “Gringo” Leita

Colonia Caroya 02/04/2017 Por
Por primera vez su familia cuenta cómo vivieron los meses en los que Héctor estuvo en la guerra. Un soldado tímido y reservado que usó el papel para expresar sus sentimientos y hasta para pedir perdón por el “capricho” de haber ido. Informe especial del soldado caroyense que defendió la Patria en 1982.
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Esther Leita - hermana mayor de Héctor

Héctor era el único hijo varón de Amado Leita y Mercedes Panontini. Nació el 6 de julio de 1963. El matrimonio ya tenía tres hijas mujeres: Esther, Vilma y Ofelia.

Dicen que el muchacho era cerrado, reservado, tímido, caprichoso. Un gringo en todos los aspectos.

Cuando tuvo 18 años y le tocó hacer el Servicio Militar. En enero de 1982 fue convocado a La Calera y sin aviso previo a sus familiares, lo mandaron a Comodoro Rivadavia.

Podría haber evitado el viaje. Como era hijo único varón, con un simple certificado se quedaba en su casa, pero él prefirió aventurarse.

Días después, empezaba la Guerra para recuperar las Islas Malvinas y la base de Chubut era la más cercana para mandar soldados inexpertos a la buena de Dios.

Él sabía que sus padres iban a sufrir por su situación. Estando solo en el Sur, escribió. Y escribió bastante, a pesar de ser duro con sus sentimientos.

La primera carta se la envió a su padrino, Joaquín Olivo. A él le contó todo, pero no quería que Amado se enterara.

En el pueblo, la presencia de Héctor en las Malvinas era un secreto a voces.

Hubo varias cartas más en las que siempre pidió tranquilidad y afirmando que él estaba bien. “No se preocupen por mí, acá no pasamos hambre”, repetía en cada misiva.

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Hasta que una tarde, un borracho en algún bar de la Colonia le dijo a Don Leita que su hijo estaba en la guerra. Fue la peor noticia para el hombre. Eso afectó su salud y Héctor, a miles de kilómetros, se empezó a preocupar.

La única forma de llevar tranquilidad era escribir. En cualquier lugar, a cualquier momento. Disimuló la soledad con el papel y la lapicera. Decía que estaba bien, pero aquí no le creían.

“¡Si nos contaba que mataban las ovejas para comerlas! ¿Cómo podemos pensar que estaban bien?”, nos dice Esther, la hermana mayor.

Ella tenía la misión de ocultar algunos datos a sus padres, para evitar males mayores.

La mujer, que en ese momento tenía 27 años, nos permitió acceder a algunas de las cartas que cruzó con su hermano, entre Comodoro Rivadavia, las Islas Malvinas y Puesto Viejo, Colonia Caroya.

 

Comodoro Rivadavia, 11 de febrero de 1982

Mamá, no te preocupes por mí que me encuentro bien. Espero que todos se encuentren bien, sobre todo el viejo. Pronto voy a estar con ellos. Escríbanme sobre cómo les va en las cosas y en la cosecha. También sobre mis sobrinitos, espero que crezcan sanos y fuertes como el tío.

No me manden plata, la comida es pasable y hambre no sufro.

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Comodoro Rivadavia, 2 de abril de 1982

Mamá, tranquila, estoy bien. Todo lo que dicen en la televisión son todas mentiras. El problema no es grave con las Malvinas. Creo que nosotros no vamos, por lo menos no nos dijeron nada. No piensen pavadas, que yo estoy bien.

Hoy es viernes 2, hoy fue el mejor día que hizo desde que estoy aquí.

Nos dan sopa, guiso, polenta, carne de cabrito y chancho. No la paso tan mal.

Viejo, no te preocupes que voy a salir de licencia el 9 de julio y voy a ayudarte a podar.

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Puesto Viejo, 20 de abril (Respuesta de Esther a Héctor).

Hoy es martes 20. Los viejos corren todos los días al correo y no dársela (a la carta) nos ponía peor porque ellos están mal sabiendo que estás allá.

Si te tuviera aquí ahora te pegaría como a un chico, por caprichoso, porque fuiste.

Le saqué foto a los chicos (Ariel Conci y Valeria Venturini, sus sobrinitos recién nacidos) y en la próxima carta te la mandamos. 

Cuando tengas que mandar a decir algo, escribime a mi, no le escribas a nadie más porque se corren las bullas.

A pesar de todo estamos bien, el único es el viejo, que le volvió a subir la tensión pero trabaja mucho y piensa en vos.

Te mandamos plata para que nos escribas seguido por que los viejos quieren tener noticias tuyas. Escribí, mandanos telegramas, hablanos por teléfono, no importa. Tenemos mucho miedo que te pase algo. Acordate de Dios.  

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Islas Malvinas, 21 de abril de 1982

Les voy a contar de este viaje a las Islas. Salimos de Comodoro el 7 de abril a la tarde y llegamos a Puerto Rivero. Después salimos en barco hasta la gran Isla Malvina Bahía Fox.

Aquí estoy viviendo en un galpón a orilla del mar. El frío es bravo. Acá llueve todos los días pero el terreno es lindo.

Cuando escriban, escriban a la dirección del cuartel de Comodoro Rivadavia, allá las mandan porque acá trato de escribir lo más que puedo.

Yo estoy en morteros y tenemos que hacer un pozo. Hay mucha piedra y hay que golpear el pico y la pala. .

Ayer fumé cigarrillos ingleses pero no quiero agarrar el vicio.

El viaje en barco es lindo pero cuando se puso bravo el mar, se movía mucho y me hizo vomitar, pero enseguida se me pasó.

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Islas Malvinas, 8 de mayo de 1982

Hoy recibí una carta del Alfonso Cargnelutti que me la mandó el 17 de abril. Me dice que me esperaban el 9 de mayo, que hay un campeonato de fútbol en Puesto Viejo. Me dice que le lleve un pingüino y yo todavía no vi ninguno de cerca.

Diganlé que le agradezco mucho que se hayan acordado de mi en este momento que estoy tan lejos de mi casa y del barrio.

Estoy bien, acá llegaron muchos alimentos.

Espero que las batatas les rindan y que saquen plata de ellas. Ya mandé a decir que esa plata que tengo en el banco que la saques y buscá un peón que te ayude porque no quiero que te enfermes. Total el año que viene empezamos de nuevo a trabajar juntos y en paz como antes.   

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Escribiendo hasta en el suelo.

Hace varios días que no recibo cartas de ustedes, espero que me escriban más. Esta carta va un poco sucia pero ya les dije que estoy escribiendo en el suelo y la lapicera no escribe pero pronto les voy a escribir otra porque ahora no tiempo tiempo. Plata no me manden.

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6 de julio. Respuesta de Héctor a la carta de su amigo Alfonso Cargnelutti.

Tu carta me alentó mucho porque recibí nomás dos cartas de la casa en todo el tiempo que estuve allá (en Malvinas).

Te digo que pasé momentos fieros, pero gracias a Dios volví bien y me quedó un buen recuerdo. Quién iba a pensar que iba a ir tan lejos de ustedes y de mi familia.

No pude traer nada de Malvinas, lo único que me quedó son las cartas y una cadenita.

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Comodoro Rivadavia, 15 de julio de 1982

Estoy esperando cartas de ustedes, mandé una el 6 y todavía no recibí respuesta. Les digo que me escriban más seguido porque estos días que faltan se me hacen largos.

Ayer me encontré con Eduardo Álamo (vecino de Malabrigo), pedí en todas las campañías y llegué a encontrarlo. Se va en agosto, asi que vamos a ir juntos.

Estamos engordando así que vamos a llegar más gordos que cuando salimos.

Ayer llegó el Jefe de Regimiento y todos los soldados que habían quedado prisioneros allá en las Malvinas eran unos 20 soldados y esos se van el lunes.

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21 de julio. Alfonso Cargnelutti  (16 años) vuelve a escribirle a Héctor.

Espero por volver a salir juntos. El club va a empezar a hacer un tinglado. Acá le estamos dando fuerte a la poda.

Cuando vuelvas ya va a empezar a pasar el frío. Lástima que nos ganaron los ingleses. Acá están todos bien, cuando vuelvas tomaremos unas vueltas para olvidar.

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El pedido de perdón

Bueno, les digo que creo que pronto nos vamos al cuartel porque nos van a relevar. Bueno viejo, cuidate mucho y quedate tranquilo. No quisiera que te enfermaras por mu culpa y perdoná que haya sido tan caprichoso y buscate un peón que te ayude y no trabajes tanto. Pagalo con esa plata que yo te dejé porque a mi no me va a hacer falta. Cuidate mucho.

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Esther recibía las cartas y respondía, pero algunas llegaban a la casa de sus padres y otras a su nueva casa que compartía con su esposo Héctor Conci y su pequeñito Ariel.

Una mañana, cuando fue al bazar de Tony Copetti, en Av. San Martín y calle Guillermo Roggio, escuchó a una mujer desconocida que dijo que en pocos días iban a traer el cuerpo de Héctor Leita cubierto en una bandera y lo iban a llevar por toda la Avenida.

“No dije nada y me fui. Era joven y lo soporté. Después llegaron más cartas de mi hermano y sabíamos que estaba vivo”, dijo.

 Héctor regresó un día de agosto de 1982 a su casa. Sin avisar, apareció en la casa de Esther, cuando ella estaba durmiendo. “Se había acabado el sufrimiento”, dijo la mujer.

A los pocos días, la familia y los amigos le hicieron una fiesta de bienvenida, pero aclara Esther: “No lo tratábamos como un héroe en ese momento, sino como el hijo de Puesto Viejo que había regresado después de varios meses”.

Con el paso de los años, Leita entró a trabajar en la Municipalidad, se casó y tuvo dos hijos, pero jamás contó nada de lo que vivió en Malvinas. A nadie.

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Murió el 1 de mayo de 2011 por un cáncer que lo fue apagando de a poco. Seguramente su vida tan sufrida y su trauma no superado de la Guerra afectaron su cuerpo.

“Yo creo que él estuvo arrepentido de ir, allá se dio cuenta de lo que estábamos sufriendo por eso pidió disculpas en una de sus cartas. La vida de todos hubiese sido diferente si él no iba”, concluyó su hermana Esther Leita.

A los pocos meses de su fallecimiento, la Municipalidad bautizó con su nombre la sala donde funcionó la Asociación de Veteranos de Malvinas del Norte de Córdoba, pero que en 2015 se cerró.

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Hoy, su memoria solo queda en esas líneas que escribió hace 35 años desde las islas que fueron, son y serán Argentinas.

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Ariel Roggio

Periodista

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