Decididos a generar terror

Policiales 07/04/2017 Por
Los delincuentes que asaltaron anoche en la casa de la familia Prosdócimo estaban armados y encapuchados. Antenoche estuvieron a punto de entrar en otra casa de Tronco Pozo.
armados

Los delincuentes que entraron anoche en la casa de Gustavo Prosdócimo y asaltaron a su mujer estaban encapuchados y armados.

Mariela estaba sola en la casa de calle Patat, entre Chacra de Luna y el Club de Tronco Pozo. Eran las 21:30 y se había sentado en la mesa con su notebook.

De repente entró un sujeto alto, con un pasamontañas, con guantes y con un revólver.

“¡¿Qué querés acá!?”, le gritó la mujer. “Dame la plata”, le respondió él.

Empezó a gritar, pero inmediatamente fue amenazada para que no abra la boca.

“Ahí hay un bolso con plata”, le indicó ella, señalando la mesa. Había unos 15 mil pesos que pertenecían a las finanzas del Club.

“Esto no alcanza, quiero más”, insistió el ladrón. “No hay más”, replicó.

En un intento desesperado, le intentó manotear el pasamontaña para verle el rostro, pero el ladrón reaccionó tirándola al suelo, pegándole una patada y apoyando el arma en la cabeza.

En ese momento de tensión y dramatismo, entró un segundo sujeto, al que mandaron a revisar las habitaciones.

A Mariela la encerraron en el baño y la obligaron a no gritar. Mientras, entró otro integrante de la banda y entre los tres revolvieron todo.

Encontraron el sueldo que justamente esa tarde había cobrado su esposo Gustavo.

“Viste que había más guita, hija de p…”, le gritaron mientras ella seguía en el baño.

Pidieron las llaves del auto y se fugaron en el Fiat Uno por calle Pedro Patat hasta que llegaron a la salida por Ruta 9, donde dejaron el vehículo.

Mientras huían, la mujer empezó a gritar por la ventana del baño. La escucharon unos trabajadores que estaban en la chacra en ese momento.

Cruzaron casi 500 metros hasta que entendieron lo que estaba pasando. La sacaron del baño y llamaron a la Policía.

 

Salvados por el giro de la llave.

Antenoche, en la casa de la familia Da Pieve, en Tronco Pozo, estuvieron a punto de perpetrar un hecho similar.

Las dos hijas regresaron a la casa, entraron y cuando giraron la llave, alguien desde afuera manoteó el picaporte para meterse a la casa.

Fue en una milésima de segundo que frustró el intento de asalto de los delincuentes, que estaban escondidos y decididos a reducir a toda la familia.

Al no poder entrar, se fugaron entre las chacras. Ningún vecino ni la Policía los pudieron encontrar.

Ariel Roggio

Periodista

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