El crimen de “Maru”: el fiscal nunca dudó de sus sospechas

Judiciales 17 de junio
A pesar de las presiones y críticas, la hipótesis de un posible asesinato y las pruebas que vinculaban al entorno familiar de María Eugenia Cadamuro pudieron esclarecer el trágico destino de la mujer.
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Sus amigos lloran la verdad: María Eugenia estaba muerta. Foto: Fm Comunicar.

Con la aparición del cuerpo sin vida de María Eugenia Cadamuro se cierra una primera etapa de un caso policial de angustia, dolor, incertidumbre y morbo.

Durante 91 días, la ciudad de Jesús María se vio envuelta en un misterio. La desaparición de la mujer de 46 años puso en vilo a toda la comunidad desde el 15 de marzo.

Esa noche, “Maru” tenía previsto reunirse a comer un asado con sus amigos. En horas de la tarde de ese día, salió de su casa -testigos lo afirmaron-, pero nunca regresó.

Dos días después -viernes 16-, sus amigos radicaron la denuncia en la Unidad Judicial.

Desde ese momento, la Justicia empezó con la recolección de testimonios del entorno cercano de la mujer y activó los protocolos de búsqueda.

Los medios se hicieron eco de la desaparición y a medida que pasaban los días crecía la incertidumbre. También estallaron los rumores y comentarios pueblerinos que en nada contribuían. 

Las primeras declaraciones del hijo menor de “Maru”, Jeremías Sanz, en las que manifestó no haberla visto ni comunicado con su mamá durante esa jornada, alertaron al fiscal a cargo de la investigación, Raúl Almeyda.

Cuando los investigadores cotejaron las sábanas telefónicas que evidenciaban las comunicaciones que María Eugenia había tenido en las últimas horas de su desaparición, empezaron las sospechas contra el joven.

Testigos declararon haber visto ese día la camioneta de Jeremías estacionada frente a la casa de su madre, ubicada en Bv. Agüero.

Otro elemento que el fiscal consideró clave es que el celular de Jeremías y el de “Maru” estaban ubicados en la misma celda telefónica, en el Departamento Totoral, entre las 20 y 20:30.

En ese lapso hubo un llamado de la mujer a sus amigas diciendo que “estaba demorada” y que iba a llegar tarde al asado, sugiriendo que la juntada sea en otra casa. Esa fue su última actividad con el celular.

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Familiares de Jeremías pedían la libertad del joven y el esclarecimiento del caso a través de marchas en Jesús María. 

Una sola hipótesis.

Decenas de testimoniales le permitieron a Almeyda avanzar en la reconstrucción de los hechos.  Todo apuntaba al círculo íntimo de "Maru".

Con esas pruebas, el fiscal delineó su primera hipótesis y pudo establecer que existía una mala relación entre Jeremías y su madre y que había un móvil económico en la desaparición.

En la mañana del 30 de marzo, cuando amigos y familiares de la mujer realizaban una concentración en el ingreso a Tribunales pidiendo justicia, Jeremías fue detenido por la Policía y quedó imputado por “privación ilegítima de la libertad agravada por el vínculo”. 

Cuatro días después, el joven fue citado por la Fiscalía a indagatoria y se negó a declarar.

Inmediatamente la defensa del joven pidió la excarcelación y los familiares directos juraban su inocencia. Sin embargo, se lo trasladó a la cárcel de Bouwer.

Con el paso de los días hubo marchas motorizadas por amigos y otras lideradas por familiares de “Jere”, que pedían su libertad.

Pero en silencio, el Fiscal siguió adelante con la causa y nunca dudó de la orientación de su investigación, apuntando contra el entorno familiar de “Maru” y sospechando lo peor.

“Queremos que abran otras líneas de investigación. ¿Por qué no investigan al marido? ¿Por qué no investigan los otros vínculos que tenía María Eugenia? ¿Saben si le debían plata sus amigos?”.

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Marila Saravi (atrás), Guadalupe Sanz y Mabel Cadamuro pidieron "buscar a Maru con Jere en libertad".

Los familiares de Jeremías plantearon en los medios locales, provinciales y nacionales sus dudas contra el fiscal y manifestaron que el muchacho estaba “injustamente preso”.

“El expediente está basado en dichos de dichos, no hay pruebas suficientes para ordenar una detención”, decían los abogados defensores.

Pero más de 40 testimonios, declaraciones sobre amenazas familiares, indicios económicos, las sábanas telefónicas, los testigos de ese día y otros elementos convencieron a Almeyda que el joven Sanz estaba involucrado en la desaparición.

La Justicia investigó a su tiempo, con paciencia, dando pasos seguros a pesar de la ansiedad de la comunidad y las especulaciones de todos.

Con su trabajo logró en apenas tres meses armar una hipótesis de un asesinato y encontrar el cadáver enterrado en un campo de la ruta nacional 60, dos kilómetros antes de llegar a Villa Gutierrez.

A María Eugenia la mataron y fue hallada enterrada un metro bajo tierra bajo un árbol.

Ahora solo queda determinar quienes estuvieron implicados antes, durante y después del hecho, y si el crimen fue premeditado.

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