El celular del acusado fue clave en la investigación del femicidio de "Maru" Cadamuro

Judiciales 01 de agosto Por
Se conocieron las pruebas que la Justicia recolectó tras el hallazgo del cuerpo de la mujer que vinculan de manera directa a Jeremías con el crimen. La escopeta, una campera y hasta un acolchado resultaron de vital importancia en la causa.
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María Eugenia fue hallada el 16 de junio enterrada en un campo del norte cordobés.

Mientras el expediente estuvo bajo secreto de sumario, el fiscal de Instrucción de Jesús María, José Raúl Almeida, quién se retiró este lunes de sus funciones por jubilación, incorporó nuevas pruebas y cerca de una decena de testimonios que refuerzan la probabilidad de que Jeremías Sanz estuvo involucrado en el crimen.

El expediente acumula unas 2500 fojas e incluye todo lo que el fiscal consideró necesario para sostener la acusación contra el joven.

Cuando estableció la imputación -homicidio doblemente calificado por el vínculo y por mediar violencia de género (femicidio)-, Almeida se basó en el fallo contra Lizarralde, un caso que sentó jurisprudencia para otras causas en Córdoba.

En esta ocasión, el fiscal determinó, a través de varios testimonios, que María Eugenia era víctima de violencia psíquica (por reiteradas amenazas de su hijo), física y económica (no podía disponer libremente de sus bienes de la forma en que ella pretendía).

Para la Justicia, el femicidio fue la fase final de una escalada de violencia ejercida por Sanz.

Las pruebas. 

A poco de dar por concluida la investigación, desde la Fiscalía develaron los principales indicios probatorios que comprometen al hijo de Cadamuro.  

El primero, es que el informe balístico determinó que el arma que se usó para ultimar a la víctima fue una escopeta calibre 16.

Este elemento nunca fue encontrado, pero en el celular de Jeremías, secuestrado por la Justicia en el primer allanamiento realizado en su casa de Sinsacate, se encontraron fotografías que lo muestran manipulando una escopeta del mismo calibre.

Sumado a esto, en el expediente figuran testimonios de allegados del joven que indican que él tenía cuatro armas en su poder: un revólver, un rifle, una vieja escopeta recortada y otra calibre 16. La última podría ser la que usó el 15 de marzo para dispararle a su madre. Para la Fiscalía, esto representa una “evidencia clara”, según apuntaron fuentes judiciales.

También se pudo constatar que Sanz no estaba inscripto en la Agencia Nacional de Materiales Controlados (ex RENAR), por lo tanto no era un legítimo usuario de armas.

Otro indicio clave es que cuando María Eugenia fue hallada sin vida, tenía la misma ropa con la había sido vista por última vez y según quedó registrado en cámaras de seguridad, pero además tenía puesta una campera de color bordó, que según pudo cotejar la Justicia, pertenecería a Jeremías.

En este caso, el celular del joven también fue una herramienta muy valiosa para la investigación, porque se encontraron fotos donde Sanz, antes del día del asesinato, viste una campera con idénticas características a la que tenía puesta “Maru” al momento del hallazgo.

Además, el cadáver estaba envuelto en un acolchado, que según lo evidencian imágenes almacenadas en el aparato del joven, era de su propiedad y que al momento del allanamiento no estaba en su domicilio.

Todo borrado.

Las fotos anteriores al día del crimen fueron importantes para entrecruzar los elementos mencionados -escopeta, campera y acolchado-, ya que Jeremías había borrado todo el historial de llamadas y de mensajes desde el día 15 de marzo. La Justicia accedió a la sábana de la empresa de telefonía y comprobó que esa misma noche el joven se comunicó con su círculo íntimo. 

El hisopado no aportó. 

Las pruebas de hisopado en la camioneta, posteriores a las de luminol que dieron positivo, no arrojaron datos comprobables sobre manchas de sangre porque las muestras resultaron escasas. Sin embargo, hay declaraciones que afirman que el día 16 de marzo, Sanz mandó a lavar el vehículo en un lavadero.

Confesión. 

Según aportaron desde la Fiscalía, cuatro personas que brindaron testimonio en la causa aseguraron que el día posterior a la aparición del cuerpo, Jeremías, privado de la libertad, le habría admitido a su círculo íntimo que él había cometido el hecho.

Lo que falta. 

La causa instruida para el juicio está en la etapa final.

Ahora, la Justicia espera que se hagan las pericias psicológica y psiquiátrica a Sanz. El resultado de ésta última permitirá determinar si el joven comprende la criminalidad de sus actos, es decir, si es imputable o no.

Para ambos estudios, tanto el querellante particular como la defensa dispondrán de peritos de control.

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Belén Salvatierra

Periodista

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