La ciudad ya vive el festejo por el 138º Aniversario

Colonia Caroya 15/03/2016
Anoche se realizó la vigilia del cumpleaños en Chacra de Luna. La Asociación Friulana ALEF realizó el evento relacionado a la temática de los trabajos y oficios. A la medianoche se sirvió la torta.

La ciudad se asienta sobre tierras denominadas originalmente Caroya o Caroyapa (que en quechua significa “Cara de cuero”).

Antiguamente, los terrenos pertenecían a los sanavirones, pero fueron adquiridos por la compañía de Jesús en el año 1616, pasando a ser el primer núcleo productor de la provincia de Córdoba a través de la Estancia Jesuítica.

En 1661, la Estancia fue vendida al Presbítero Ignacio Duarte y Quirós, quien al fundar en 1687 el Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat, la dona a la Orden.

Después de varios años de estar en manos privadas, el asentamiento vuelve a formar parte del patrimonio de la Compañía de Jesús.  

En el lugar se estableció una explotación agroganadera que fue el sostén económico del Colegio Convictorio y residencia vacacional de sus alumnos.

En 1767, el Rey Carlos III decreta la expulsión de los Jesuitas y como consecuencia, la administración de todas las Estancias de la Provincia quedó a cargo de la Junta de Temporalidades quienes otorgan el edificio de Caroya a la Orden Franciscana, pero, en 1807, pasó al clero secular siguiendo la suerte de la Universidad.

Durante mediados del Siglo XIX, Europa vivía graves problemas sociales, económicos y políticos. La inestabilidad, las altas tasas de impuestos en los productos, las largas sequías, la alta presión demográfica provocaban un caos social que pudo descomprimirse con la inmigración.

 Por otra parte, en nuestro país culminaba la Campaña del Desierto y poblar el territorio era el objetivo de las autoridades nacionales.

Durante la Presidencia de Domingo Faustismo Sarmiento (1868-1874) se crea el Departamento General de Inmigración y la Oficina de Tierras y Colonización, ambas pertenecientes al Ministerio del Interior.

El 10 de julio de 1876, el Gobierno de la Nación se decidió a dar amplias garantías a los inmigrantes que quisieran venir a nuestro país, resolviendo la fundación de varias colonias en distintos puntos de la Argentina. Uno de los proyectos fue relacionado con la creación de Colonia Caroya, que en un principio se pretendía nombrar como “San Martín”  ya que se estaba por cumplir el primer centenario de su nacimiento.

En la legislación se expresaba que el Ejecutivo procedería a la mensura del terreno denominado Caroya, debiendo dividirse en secciones y cada sección de no más de cien hectáreas.

Luego, el 6 de Octubre de 1876 se dicta la ley Nº 817 de Inmigración y Colonización de Argentina, promulgada por el presidente Nicolás Avellaneda.

Esta ley es difundida por toda Europa, especialmente en Italia, ya que sus habitantes eran fuertes agricultores que estaban viviendo una grave crisis y el hambre acechaba a los más humildes.

La propaganda contenía una promoción de viajes, el día, hora y puerto del que salía cada barco.

Miles de familias decidieron dejar su tierra natal y sus familiares para encontrar un nuevo horizonte, esperanzados en la promesa de ricas tierras para continuar con sus profesiones.

El 1º de febrero de 1878 partió del puerto de Génova (Italia), el primer contingente de inmigrantes a bordo del Vapor Nord América.

Un mes después llegaron a Buenos Aires y se hospedaron en el Hotel del Inmigrantes. Luego partieron hacia Rosario, donde un grupo se separo.

El 14 de Marzo llegaron a Córdoba en tren y allí pasaron la noche.

En la mañana siguiente arribaron a las tierras asignadas. Eran 295 personas oriundas de la Región del Friuli Venezia-Giulia y la Región Véneto.

Se alojaron en la Estancia Jesuítica por varios meses hasta poder realizar sus viviendas, tras desmontar miles de hectáreas.

Durante los dos años posteriores, miles de inmigrantes poblaron la Argentina y otros dos contingentes se sumaron a la nueva población de Caroya hasta 1880.

La Nación distribuyó los lotes entre las familias, que fueron creando barrios rurales y el sector administrativo en torno a una Avenida que, posteriormente, sería reconocida mundialmente.

Sus típicas  casas antiguas en forma de “L” y para albergar familias numerosas porque el padre necesitaba ayuda de los hijos varones  para trabajar la tierra; y la madre, de hijas mujeres para las tareas de la casa.

 

Ariel Roggio

Periodista

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