
104 años Plus
María Angélica Monge de Almada nació el 22 de octubre de 1912 y hace dos semanas y media llegó a los 104 años.
Vive en Av. San Martín con su hijo Luis, aunque casi toda su historia estuvo vinculada a la vida de campo en Nintes.
Tuvo siete hijos. Todos varones: Luis, Jacinto Marcelo, Mario Antonio, Domingo, Matías Joaquín, Pacacio Lucio y Juan Domingo. El séptimo, como corresponde, tuvo como padrino al Presidente de la Nación, en aquel entonces Juan Domingo Perón.
María tiene una lucidez mental envidiable y hasta los médicos que la controlan se sorprenden del estado de salud de la mujer.
Cuando cumplió 100, la entrevistamos y se reía de su estado: “Me hice los análisis y estoy de lo mejor. No tengo nada y eso que como de todo".
Nada cambió en estos cuatro años posteriores al Centenario. Solo tuvo neumonía, pero se recuperó. Se mueve por la casa con andador, pero no le impide hacer tareas domésticas.
Su hijo dice que Angélica reniega de las nuevas generaciones: "Si no quieren trabajar, tendremos que ponernos a laburar nosotros", le comenta en el entorno familiar.
"Un día decía que sentía mal. Llamó a las médicas del AMI y vinieron. Le tomaron la presión, la controlaron y no tenía nada. `Usted está más sana que nosotros´, le dijo la doctora. Y ella le respondió: `Es que yo quería verlos porque los extrañaba´", cuenta su hijo.
Mujer de campo.
María Angélica se crió y creció en el campo hasta hace un par de décadas, cuando decidió junto a su esposo vivir en Colonia Caroya para estar cerca de la atención médica.
“Cuando era joven, acá llevaba los postes para cerrar potrerillos –y se golpea el hombro-, le ayudaba a mi marido y ordeñábamos las vacas a las 5 de la mañana, pero tenía que estar corriendo a ver a los chicos que nos les pase nada. La he trabajado mucho. He hecho el capital a fuerza de trabajo. No teníamos nada de nada”, recuerda de su vida de esposa y madre.
“Yo trabajé hasta que mi marido me dijo que nos vengamos a la Colonia para descansar. Ahora me cuidan mis hijos”, añade.
La longevidad no es casual en su descendencia, ya que la madre de María también vivió más de un siglo.
Y reflexionó: “Gracias a Dios soy muy feliz, no me faltó nunca nada para darle a mis hijos. Vea una cosa: la madre es para los hijos y los hijos no son para los padres. Yo quiero vivir para ver a mis hijos. Uno siempre quiere vivir más, pero eso está en Dios. Yo estoy tranquila”.
El gesto del barrio.
Los integrantes del Centro Vecinal San Agustín recordaron su cumpleaños y le entregaron un ramo de flores y compartieron un momento con la vecina más longeva de la ciudad.


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