
2 de junio: Día Internacional de Acción por los Trastornos Alimentarios
Lic. en nutrición Lucía Cabrera Grión. MP: 5252
Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) suelen asociarse únicamente con la comida o el peso, pero en realidad son problemáticas de salud mental complejas y multifactoriales.
Vivimos en una sociedad donde los mensajes sobre alimentación, cuerpos y “salud” están presentes todo el tiempo. Hoy es casi imposible abrir las redes sociales sin encontrarnos con consejos para bajar de peso, “comer mejor”, entrenar más o cambiar nuestro cuerpo. Muchas veces, incluso, ciertas conductas de riesgo pasan desapercibidas porque se encuentran socialmente normalizadas o son vistas como hábitos “saludables”.
Pero ¿qué pasa cuando el cuidado de la salud empieza a confundirse con control, culpa o miedo a la comida?
Los TCA son trastornos de salud mental caracterizados por alteraciones en la conducta alimentaria y por una preocupación intensa por el peso y la imagen corporal. Intervienen múltiples factores psicológicos, sociales, familiares y biológicos. Por eso, no deben entenderse como un capricho o una cuestión de voluntad.
Muchas veces, el inicio de un TCA puede estar relacionado con dietas restrictivas o conductas que socialmente son vistas como normales e incluso saludables. Aunque no todas las personas que hacen dieta desarrollarán un trastorno alimentario, estas conductas pueden actuar como desencadenantes en personas vulnerables.
Existen distintos tipos de TCA y todos pueden tener consecuencias graves para la salud física y mental. Los más frecuentes son:
- Anorexia nerviosa: restricción extrema de alimentos y miedo intenso a subir de peso.
- Bulimia nerviosa: episodios de atracones seguidos de conductas compensatorias como vómitos, ayunos o ejercicio excesivo.
- Trastorno por atracón: episodios recurrentes de atracones sin conductas compensatorias posteriores.
La insatisfacción corporal es cada vez más frecuente. Según cifras de la Asociación de Lucha Contra Bulimia y Anorexia (Aluba), el 70% de las argentinas no está conforme con su cuerpo y nuestro país se encuentra entre los países con mayores índices de TCA.

Vivimos en una sociedad que valora ciertos cuerpos por encima de otros. Se premia la delgadez, se la asocia con salud, éxito, fuerza de voluntad, belleza y aceptación. Esta forma de pensar (muchas veces inconsciente) es lo que se conoce como cultura de la delgadez. En este contexto, es común escuchar frases como “qué linda que estás, ¿bajaste de peso?” o “no comas eso que engorda”, sin darnos cuenta del daño que pueden generar.
La presión por alcanzar un ideal corporal puede empujar a muchas personas, especialmente adolescentes, a hacer dietas extremas, ocultar su malestar o vivir con culpa por no cumplir esas expectativas.
Además, la exposición constante a modelos corporales idealizados y muchas veces editados puede reforzar obsesiones y generar expectativas poco realistas sobre nuestros cuerpos.
Es importante que tanto las familias, como los docentes y la comunidad sepan reconocer algunas señales tempranas, para poder acompañar y detectar estas problemáticas a tiempo. Algunas de ellas pueden ser: la preocupación constante por el peso o la comida, restricciones alimentarias, atracones, culpa luego de comer, aislamiento social o ejercicio físico excesivo.
No hay una única forma de recuperarse ni un único modelo que funcione para todas las personas, pero sí hay algo común a todos los procesos: requieren tiempo, paciencia, apoyo profesional y red afectiva.
Hablar de los TCA, informarnos y revisar cómo nos relacionamos con la comida y los cuerpos también forma parte de la prevención.


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