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El recuerdo del Padre Bernardo en el acto por el Día de la Memoria

El sacerdote que estuvo en Colonia Caroya en la década de 1980 fue un defensor de los Derechos Humanos, denunciando los crímenes en la Dictadura. 
Colonia Caroya25 de marzo de 2026Ariel RoggioAriel Roggio

En el Acto en el que se inauguró el Paseo de la Memoria en Colonia Caroya, Fanny Dalla Costa recordó al Padre Bernardo Hughes, quien fuese párroco caroyense en la década del 80´ y que fue un defensor y luchador por los Derechos Humanos. 

Hughes nació el 3 de diciembre de 1933 en San Miguel del Monte, provincia de Buenos Aires. Era hijo de inmigrantes irlandeses.

Fue ordenado sacerdote de la congregación Rogacionista del Corazón de Jesús (Padres Rogacionistas) el 16 de junio de 1962, en Santos Lugares.

La congregación de los Misioneros Pasionistas fue fundada en 1720 y desembarcó en Argentina a fines del 1800 para trabajar con los inmigrantes de Irlanda.

Su misión fue siempre denunciar, atender y tratar de reparar situaciones de marginalidad y dolor.

En la Iglesia de la Santa Cruz (Buenos Aires) se armó un refugio para quienes huían del Terrorismo de Estado. Allí evangelizaba Hughes y se reunían las Madres para armar campañas de denuncias por secuestros y desapariciones.

El entonces párroco denunció los crímenes de las bandas de José López Rega y aprovechaba para advertirle a los jóvenes de los riesgos y decirles que se cuidaran: “Eran perseguidos por la injusticia y les dábamos refugio: primero a chilenos, luego a argentinos”.

La historia oficial dice que en mayo de 1976 se exilió. En realidad, el 8 de diciembre de 1977, secuestraron en esa Iglesia a 12 personas.

“Igual, no fui muy valiente; a uno le temblaba la pera; fue milagroso que no nos pasara algo más serio; solamente nos pusieron una bomba, pero no fue grave”, recordaba.

De todos modos, su abierta militancia contra la Dictadura no cesó y tuvo que irse del país. Lo reemplazó Mateo Perdía, otro sacerdote que pasó por la comunidad del Lote XI.

Bernardo estuvo en Puerto Rico, España, Montevideo y, desde allí, llegó a Colonia Caroya. “Después de eso fue novedoso; mi manera de ser no le gustaba a la gente y lo comprendo ahora”, decía.

Se quedó hasta 1989 y luego siguió su vida en Campana, provincia de Buenos Aires.

En 2007, la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (Ctera) lo declaró “Maestro de Vida”.

“No soy más que otros, simplemente caminé junto a la gente”, dijo a raíz de ese reconocimiento. Bien podría ser su epitafio.

Colonia Caroya lo homenajeó bautizando al parque frente al Cementerio Municipal con su nombre.

Texto: Diario El Despertador

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