El trabajo de la mujer a principios del Siglo XX, narrado por caroyenses

Historias caroyenses 13 de noviembre de 2020 Por Ariel Roggio
Los testimonios de 20 mujeres entrevistadas en el año 2008 por la Lic. Patricia Roggio, que decidió investigar sobre el rol femenino en la economía familiar, su labor en la chacra y su mandato de "producción y reproducción".
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La Lic. Patricia Roggio, en el marco del ciclo de entrevistas del Complejo de Personas Mayores que se emite todos los martes y jueves a las 10 en Radio Comunicar, habló sobre su investigación relacionada a la “mujer de campo”.

En el trabajo se pretendió lograr un acercamiento a las mujeres que  se desempeñaron como “mano de obra familiar” en el ámbito rural, indagando en torno al papel que jugaron en la  producción y reproducción de la fuerza de trabajo todo ello a  través de  un estudio de caso. 

Para rescatar la “historia oral”, seleccionó a 20 mujeres de entre 75 y 95 años de edad –algunas de las cuales ya no están físicamente- de Colonia Caroya. Todas fueron realizadas en el 2008.

Las entrevistas estuvieron estructuradas en torno tres áreas problema, estrechamente relacionadas  entre sí: el trabajo (tanto el doméstico como  el de la “chacra”); el poder y la autoridad (las jerarquías dentro de la familia); y la procreación y la sexualidad.  

 

Trabajar, trabajar y trabajar…

El testimonio de Elvira resulta sumamente ilustrativo del modo en que se fusionaban las tareas de  reproducción y producción: 

“Hacíamos todo como  para comerlo nosotros, hacíamos jamones, bondiolas, pero nunca hemos comido uno porque teníamos que guardar plata para poder comprar un pedazo de tierra. Se hacía economía, nunca tuvimos deudas con nadie. Se vivía para trabajar, hacíamos de comer para muchos peones. No sé cómo hacía… pero tenía que poder porque había que hacerlo…. Solo se compraba  harina, azúcar, yerba. Cuando me casé he llegado a tener hasta 14 peones,  hacía pan tres veces por semana, ordeñaba, hacía el queso… no sé cómo hacía todo eso. Un año carneamos treinta  chanchos  y además teníamos la bodega…. he trabajado como un animal…  

La mamá no bordaba, pero nosotras si  porque teníamos la ilusión de casarnos. El ajuar lo  empezamos a preparar antes de tener novio… Hacíamos los colchones de chala. Yo  dormí mucho  tiempo en estos colchones cuando el  papá  me  llevaba a trabajar a Los Quebrachos, …luego tuvimos de lana, se compraba  la lana  y la mamá la lavaba y la estiraba, se hacían las  colchas … las  sábanas se hacían con la tela de las bolsas  de harina…

No nos bañábamos todos los días, solo los  sábados. Se encendía la olla del jabón que tenía 200 litros y se iba a un escusado a bañarse…. La vida era nomás trabajar, trabajar y trabajar.

Si el  papá nos encontraba el sentadas en la casa se enojaba, no quería que estuviéramos sin trabajar; él nos quería a todos en la chacra”.

 

Lavar, cocinar, coser, tejer, la huerta y la chacra….

Anita  cuenta que su madre  hacía de comer para la familia y entre 25 y 30 peones que se empleaban para el desmonte.

“Empezaba a trabajar en la cocina a las siete. Tenía que preparar el desayuno y llevarlo donde trabajaban. Era una pava grande con  yerbiado, además chorizos y roñosa con cebolla y huevo. Dos veces por semana horneaba más de 20 panes, también  torta con chicharrón. Trabajaba en la cocina todo el día. La mujer era esclava. La vida de la mujer era muy sacrificada, no nos dábamos cuenta porque era así, no había  descanso….

El lavado de la ropa de los integrantes del grupo familiar era otra de las actividades que insumía bastante tiempo en la vida de estas mujeres.

Tita refiere:

“Me  gustaba lavar, lavábamos en tinas. Yo  era tan chica que no alcanzaba la tina y el papá  me había hecho un cajón para llegar. El jabón lo hacía la mamá,  buscábamos en el campo  en canastos el yuyo, que lo dejaba verde para hacer el jabón con grasa”.

 

Inés relata:

“Sacábamos del pozo el agua, la poníamos en una  olla grande, que el nono  había traído de Italia. Había dos tinas, se la enjabonaba y se la llevaba  a otro lado a enjuagar y se la hervía, era un trabajo  increíble. En el verano la mamá ponía en el patio un fuentón muy grande, el sol calentaba el agua y cuando llegábamos de la chacra nos lavábamos. En el invierno calentaba la olla grande de agua y cada uno se llevaba un balde de agua caliente al escusado  y se lavaba… Se cambiaba la ropa  una vez a la semana…

 

Otro de los quehaceres que se identificaban como domésticos consistía en la confección de la ropa del grupo familiar que, al menos hasta inicios de la década de 1940, se realizaba  en el hogar.

Isolina relata: 

“Cuando yo era joven, toda la ropa la hacía mi mamá. Nos hacían dos vestidos al año:  uno para el día de todos los Santos, el primero de noviembre, que se usaba todo el verano; y otro para Pascua, que se usaba en el invierno.

 

Mercedes al  hacer referencia al material y modo en que se confeccionaban los colchones, nos relata:

“Los hacíamos de chala y todos los años la cambiábamos. Cuando en junio terminaban de juntar el maíz, las mujeres cambiaban la chala, luego  con el tiempo se cambiaron por los de lana.

 Alicia y Bety cuentan:

“Se cosía todo… compraban las telas una vez al año, la abuela iba a la tienda y compraba metros y metros  de griseta y le hacía a cada varón el  pantalón, la camisa, el saco, el pañuelo. También compraba para las mujeres, hijas y nueras,  incluso las medias y las zapatillas.

Grimilda cuenta que antes de casarse, vivía en la casa de los abuelos paternos.

Relata que su madre y su tía se dividían el trabajo: una se dedicaba a la huerta y los animales de granja; y la otra de la cocina y lavado. 

“Tener trabajo y tantos chicos era muy bravo. Todo se hacía en la casa. Teníamos muchas vacas así que la tía hacía el queso y hacían trueque con los animales que sobraban a cambio de mercadería.

 Cuqui dice que su madre hacía de todo:

“Criaba gallinas, vendía huevos, era en la casa la que mandaba todo, el padre trabajaba pero la que llevaba todo era la mamá. Yo hacía las cosas de la casa y en la chacra hacía lo mismo que los varones: arar, carpir. La situación de la mujer ha cambiado mucho para bien, me gusta más ahora porque antes, pobres mujeres, trabajaban  mucho. Y además te retaban… Era una cosa de locos.

 En tanto Line manifiesta respecto del trabajo en la chacra:

“De todo lo que hacían los hombres, hacían  las mujeres. Ponían verduras, recogían el alfa, iban arriba la parva, criaban vacas. La  mujer siempre atrás del hombre a trabajar.

Teresa cuenta:

"Cuando salí Reina de la Primavera coseché ajo hasta dos horas antes de ir al baile. Tenía 15 años". 

 

Trabajar  hasta que  venían los dolores.

Resultan sumamente interesantes los relatos de las  entrevistadas en relación  a la maternidad de sus madres, abuelas y algunas de ellas. Los testimonios son coincidentes en el sentido que  las mujeres trabajaban  hasta que les venían los dolores de parto. 

El parto era realizado en la casa en la época de las abuelas, madres y también en algunos casos, de las mismas entrevistadas. 

Los cuidados se extendían a ocho días de cama, sin bañarse, ni tomar frío a lo que se agregaba treinta días posteriores. 

Asimismo refieren que  sus abuelas y en general sus madres tenían hijos hasta que les llegaba la menopausia 

Marta refiere al respecto: 

“Mi abuela y mi mamá tuvieron hijos con parteras, como Doña Ana Marchetti. Ninguna asistió al médico ni realizó controles. Respetaban  fuertemente los cuarenta días después del parto. No las dejaban  hacer el pan por el calor del horno, ni cocinar, ni ir a la  huerta, ni tomar frío en la espalda por la leche, no se bañaban… Era parte de la seguridad para sanar bien y quedar fuertes para después.

Tita  hace referencia a su primer parto en los siguientes términos:

“Saqué leche  hasta que me vinieron  los dolores, pero sin ningún cuidado. Era esperar en la cama cuando comenzaban  los dolores. Avisá cuando tenés dolores fuertes, me decía la partera. Yo decía para mí ¿Qué dolores  tendrán que ser para que nazca?... Después me hacían quedar  ocho días en cama, me daban sopa y  puchero de gallina… quietita en cama   sin almohada y con faja de telas lienzo para que saliera la sangre.

 El testimonio de Marta sobre su abuela Celestina: 

“Algo me quedó grabado: cuando ella compró al tío Pablito estuvo en la chacra  recogiendo maíz hasta que le vinieron los dolores de parto. Fue a la casa, preparó la comida, preparó la mesa y llamó a la vecina que la ayudó a tener el chico”.

 

Preparábamos  el  “ajuar”…

Estrechamente relacionado con el tema de la confección de la ropa, se halla la cuestión relativa a la preparación del ajuar. 

Esta tarea involucraba a las mujeres jóvenes, casi niñas, pues las entrevistadas coinciden en señalar que preparaban el ajuar aun antes de tener novio, es decir  a partir de los doce o trece años.

Marta dice:

“La que se estaba por casar, unos  meses antes le llevaba a la abuela  la bolsa, la lana y el “cotín” para el colchón… con clavos que se entrecusaban, se estiraba la lana, se esquilaba  más la lana del acolchado”.

 

Grimilda recuerda que ella y sus seis hermanas: 

“Cada una tenía que bordarse la ropa: sábanas, camisones, toallas, manteles. El colchón era el regalo. La dote  del padre de la novia era  de lana”

 

 Cuidábamos  a los  enfermos…

El cuidado de niños, ancianos  y enfermos eran otras de las tareas que quedaban en manos de las mujeres, cabe consignar  la escasa presencia de profesionales de la salud  y de centros de atención  hasta por lo menos  la década de 1930 o más. 

Tita decía sobre el cuidado de la suegra: 

“Vea la vida que hice yo cuidándola  y no quería que nadie la toque. Para todo tenía que estar todo el día yo, todo el trabajo de la casa y no había mujer que ayude y siempre me acuerdo  que mi  cuñada me ayudaba a lavar porque la  suegra no usaba ni chata, se hacía todo en la cama. Tenía que estar allí cuando me  llamaba, porque si no se enojaba. Mi suegra tenía todos hijos varones y una hija, pero no se dejaba tocar por la hija.

 

 Trabajábamos de chiquitas.

Como lo evidencian las fuentes censales,  los niños y niñas del grupo familiar eran incorporados  a edades  tempranas  en la realización de trabajos domésticos.

Tita decía: 

“Todo lo que hacia mi mamá, yo tenía que hacer. Yo quería ser igual que ella,  hacía puchero, le ponía a hervir el agua para poner la carne, la mamá se iba  en tiempo  de cosecha a la chacra, a juntar uva, yo ordeñaba. A los siete años ya ordeñaba como una grande. 

Mercedes testimonia  refiriéndose  las tareas que realizaban de niños:

“De ocho años ya íbamos a poner las siembras, papa, cebolla, batata. Juntar uva desde los ocho años y no había que dejar ni un grano al suelo. También sembrábamos ajo a mano.

Line relata:

“Los chicos ayudábamos  desde chicos,  habremos tenido seis o siete años y ya íbamos a poner cebollas.

 

De herencia, solo la dote…

A pesar de desempeñar un papel central, las mujeres de la comunidad coinciden en que  ellas no heredaban, sino que la herencia de tierras  era solamente para los varones.

Marta decía:

“La herencia era para los hombres. Se preocupaban para que el hombre tuviera el terreno y la casa. Aun cuando la mujer estuviera soltera, tampoco heredaban. Se discriminaba totalmente. Era una cuestión bien marcada. Las mujeres no heredaban; o si heredaban, era poco o nada. Era solo la dote". 

Ariel Roggio

Periodista

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