La subsistencia de la apicultura en tiempos de sequía y agroquímicos

Locales 25 de abril de 2018 Por Giuliana Brollo
Sergio Cragnolini, apicultor caroyense que lleva 45 años en el rubro, es el único que continúa activo en la zona. Distintos factores ambientales y la desmedida mano del hombre desplazaron a las colmenas que había en la región y los productores abandonaron la actividad.
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Sergio Cragnolini con los paneles de los que extrae miel en su hogar.

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Sergio Cragnolini

En los últimos años la actividad apícola en nuestra zona está siendo perjudicada por diferentes causantes que ponen en peligro la subsistencia de las abejas y de los productores.

Por un lado se encuentra el factor climático de la sequía, y por el otro, la mano desmedida del hombre en el uso de productos fitosanitarios y el desmonte progresivo.

SENASA informó, a principios de abril, la muerte de más de 70 millones de abejas en Traslasierra por la mala aplicación de agroquímicos en campos de monocultivo.

Según Sergio Cragnolini, el único apicultor activo que queda en la zona, la solución a este problema es “irse con las abejas al monte”.

El caroyense tiene 73 años de y lleva 45 dedicándose al rubro de la miel. Para él “más que un negocio, es un entretenimiento” que logró transformar con el tiempo en un emprendimiento familiar.

Sergio comenzó con la apicultura en la década del ´70, época de auge en la zona. En ese momento, existía una cooperativa de numerosos apicultores de Colonia Caroya y Jesús María: “Peña apícola cordobesa”. De a poco el número fue disminuyendo, hasta que la red se disolvió.

La situación empezó a decaer a partir de los años ´90, con la llegada de la agricultura. La soja, el maíz y el desmonte, desplazaron a las colmenas.

Los productores que pudieron subsistir buscaron para las abejas sitios muy apartados a la zona, donde hubiera sólo monte.

Cragnolini optó por trabajar en campos de Santo Domingo, en las costas de las Salinas de Ambargasta, Santiago del Estero. Recorre 250 km para extraer miel de los panales que luego procesa y envasa en el taller instalado en su hogar.

En diálogo con FM Comunicar señaló que “la solución es mudarse al monte, lejos de los cultivos. No podemos pedirle a los agricultores que no fumiguen”.

Además reflexionó: “la actividad apícola continúa, no muere, pero muchos productores han abandonado por la falta de campos y néctar”.

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