La historia del crimen del maestro Del Fabro, a 120 años

Historias caroyenses 07 de agosto de 2020 Por Ariel Roggio
Domingo fue asesinado de dos disparos el 18 de enero de 1900 en calle 40. Por sus pensamientos liberales y ateos, los colonos creían que era la causa de los males que azotaban a la Colonia. Acusaron al Párroco de Caroya y a un ex subcomisario por instigadores. El autor material estuvo detenido apenas un mes y luego huyó del pueblo. 
Domingo Del Fabro nació el 4 de julio de 1867 en Adorgnano (Friuli). Fue el menor de diez hermanos. Llegó a Argentina cuando tenía ll años. (14)
Collage con la imagen de Domingo Del Fabro, perteneciente al archivo familiar.

La historia del crimen de Domingo del Fabro tiene ribetes de película de suspenso en cada detalle del escalofriante hecho.

Este colono friulano fue asesinado el 18 de enero de 1900 en calle 40 y calle España, frente a donde está el Polideportivo Municipal de Colonia Caroya, lugar donde casi por un siglo permaneció una placa recordando su muerte.


 ¿Quién era la víctima?

Domingo (o Doménico) Del Fabro nació el Adorgnano (Friuli) el 13 de julio de 1867. Era el menor de 10 hermanos.

Sus padres, Giuseppe y Lucía Constantín, vinieron a Colonia Caroya con cuatro de sus hijos. Domingo tenía 11 años cuando arribó a estas tierras.

Desde chico se interesó por aprender y estudiar. En esa época lo hacía informalmente, pero pronto se convirtió en una de las primeras personas que enseñó el español a algunos hijos de los inmigrantes, que solo hablaban friulano u otro dialecto del Norte de Italia.

En 1890 era maestro y tres años después ya estaba a cargo de la Dirección de la Escuela Fiscal del Lote XV, la que dio origen al Centro Educativo Gral. San Martín.

Se casó con Úrsula Londero  el 26 de agosto de 1889 y con ella tuvo cuatro hijos: Elvira, Demetrio, Fabio y Aristóbulo (tenía ocho meses de vida cuando mataron a su papá).

Además de ser Director de la escuela, Domingo también era Secretario Contador de la Municipalidad de Colonia Caroya durante la Gestión de Leonardo Canciani.

 

¿Era un anarquista?

Los relatos populares aseguraban que Domingo era anarquista, liberal o ácrata (en el sentido etimológico, la palabra acracia amplía la idea de anarquía, señalando no solamente una sociedad organizada antiestatalmente, sino además un orden social basado en el principio de no agresión, en que las normas sociales de convivencia sean resultado de acuerdos voluntarios, y donde se rechaza la legitimidad de cualquier imposición por la fuerza).

También afirmaban que tampoco creía en Dios.

Para esa época, en una Colonia recientemente fundada por colonos ultra religiosos y devotos a Dios, la Virgen y San Antonio de Padua, que existiera entre ellos un anarquista y ateo significaba que era el culpable de los males que azotaban al pueblo.

Uno de esos males era la sequía. La falta de agua llevaba a diferencias entre los gringos y Del Fabro, con su cargo municipal y su perfil con un estilo de “caudillo”, encolerizaba a la mayoría.

Algunos sostenían que hasta que no muriera Del Fabro, no iba a llover en las chacras.

Sus descendientes creen que los conocimientos que él tenía y la influencia en la educación y en la política generaban la “envidia” de los analfabetos inmigrantes.

En circunstancias que aún no están claras, se enemistó también con una autoridad policial: el subcomisario Ángel Presacco, otro friulano llegado en el primer contingente del 15 de marzo de 1878.

Presacco, según las historias narradas y en parte del expediente de la investigación del crimen, había perdido el cargo policial por culpa de Del Fabro y había jurado venganza.

Para fines de 1899, Doménico, el maestro, el Contador de la Municipalidad, era la persona más odiada del pueblo, hasta por el Párroco de la Iglesia del Monserrat.

 

Los días previos al crimen.

Las advertencias a Domingo del Fabro fueron reiteradas y cargadas de maldad y violencia.

Las versiones que sobrevivieron en el paso de los años indican que Presacco le había tirado matera fecal frente a la casa de Doménico.

Otra vez, aseguran que entraron a la escuela, quemaron papeles y mapas, y dejaron una amenaza.

Pero lo más insólito ocurre el domingo 14 de enero del año 1900 en la Parroquia del Monserrat.

El sermón del Padre Félix Mattio apuntó, aunque sin nombrarlo directamente, contra Domingo del Fabro. El sacerdote lo culpó por las miserias que estaba dejando ese verano sin lluvias y sugirió que era un castigo de Dios por la presencia de personas incrédulas entre la comunidad, que transmitían pensamientos diferentes a los de la mayoría.

A la salida de la Misa, nadie dejaba de hablar del tema. La idea de matarlo no era una locura y su muerte se aproximaba.

Esa semana, Pablo Marchesini -el sicario- fue a la armería de José Romanutti, en el Lote XV y compró un pistolón que se cargaba con pedazos de tela y pólvora.

Romanutti, además de comerciante, fue Intendente de la ciudad y en ese entonces era amigo de Del Fabro. Nunca imaginó que el arma homicida era la que él le vendió al asesino.

100 años
Mención en el libro "100 años de historia de Colonia Caroya, de Marta Nuñez.



 El día del asesinato. 

Marchesini conocía a Doménico y sus movimientos. Para la noche del miércoles 17 de enero, la historia estaba sentenciada.

El jueves a las 6 de la madrugada, Pablo Marchesini salió de su casa con el arma cargada y esperó a Del Fabro en la calle 40.

Doménico vivía en la antigua casa actualmente ubicada en Av. San Martín y calle España. En esa época, la calle 50 no existía, pero si había un sendero que Del Fabro usaba como atajo para ir hasta la casa del Intendente.

A pocos metros de donde hoy está el ingreso al Polideportivo, Marchesini disparó a su víctima por la espalda dos veces. Fue a las 7 de la mañana, cuando el sol ya iluminaba la calurosa jornada de verano en la Colonia.

El primer impacto fue a la altura del homóplato. El segundo, en el pulmón. Del Fabro cayó y murió al instante. Habría sido el propio Jefe Comunal, Leonardo Canciani, quien lo encontró tirado.

Marchesini volvió a su casa con una perdiz en la mano para demostrar que su salida del hogar había sido para ir a cazar. Pero su esposa sabía, al enterarse que mataron al maestro caroyense, que Pablo tenía algo que ver.

libro san martin
Mención en el libro de la historia de la escuela San Martín, de Elena Valle. 



Lo delató el hijo.

Las crónicas de los diarios cordobeses que informaron el caso indicaron que rápidamente se apuntó la investigación hacia las personas nombradas.

A las pocas horas, la Policía detuvo a Pablo Marchesini, a su hijo de 12 años y a su padre. Además, cayeron dos hermanos de apellido Fantini.

En una primera declaración, Pablo habría negado los hechos. Sin pruebas en su contra, el niño y el abuelo, y los dos Fantini, fueron liberados.

En un allanamiento en la casa de Marchesini encontraron el arma y el propio hijo, involuntariamente, delató al padre, señalando que la tela que usó para cargar el arma era de un vestidito de su hija que había fallecido. ¡Usó una prenda de su hija muerta para matar!  

Unos meses después detuvieron a Ángel Presacco por presunto instigador.

Tanto Marchesini como el ex subcomisario estuvieron pocas semanas tras las rejas.

El autor material huyó de Colonia Caroya con una mujer.

La influencia del Cura en el asesinato se menciona en la primera parte del expediente judicial, pero nunca fue citado a declarar.

El crimen de Del Fabro quedó impune, pese a que todos sabían la historia.

Pero en ese momento, con el escenario inquietante generado en las semanas previas, las discusiones políticas, las acusaciones por sus ideologías y los odios personales, muy pocos pelearon por la justicia y la verdad.

De hecho, muchos sintieron alivio porque el pueblo se había liberado del “anarquista y ateo”.

Tenían la esperanza de nuevos tiempos de paz y prosperidad.

 

Relacionado: el cuento de Marta Copetti sobre el asesinato del "anarquista".

Agradecimiento a Martín Del Fabro, tataranieto de Doménico (nacido en 1867), bisnieto de Aristóbulo (1899), nieto de Domingo (1938) e hijo de Claudio (1973).

Martín, de 17 años, comenzó a investigar la historia familiar cuando tenía 11. Ahora, con todo lo recopilado está decidido a comenzar a escribir un libro.

placa

Foto del archivo de la Familia Del Fabro.  

Ariel Roggio

Periodista

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